En lo bueno y (tal vez) en lo malo. ¡AMÉN! (PARTE 1)

August 24, 2017

La paradoja del conservador-moderno. Reivindicaciones de igualdad entre sexos aderezadas con pechos y traseros públicos. Coherencia en su pura esencia. 

 

Francamente, es hora de que la sociedad encuentre unos pocos valores, sólidos y coherentes entre sí, a los que aferrarse. Empezando por hacer íntimo aquello que es digno de serlo. Por ejemplo, las bodas (perdona, los bodorrios).

 

Como dice Gloria Estefan en su canción “HOY”: “vamos a hacer una fiesta, para que nuestro amor crezca más”. Pues bien, de eso se trata. Celebrar hacia dentro y, no hacia fuera. Entre “nosotros” y no para “ellos”.

 

Desde que asistí a la primera boda, sigo preguntándome una y otra vez lo mismo: Cuál es la motivación más profunda de los novios, para derrochar tanto dinero en un lapso de tiempo tan corto, para organizar un evento que requiere tanto trabajo, qué placer encuentran en las eventuales discrepancias entre la pareja y las respectivas familias, y podría seguir con una lista interminable de cuestiones...

 

Respuestas varias como:

 

  1. “es el día con el que he soñado desde pequeña”

  2. “cuando estás realmente enamorado no cuentas, simplemente lo deseas”

  3.  “quiero estar rodeada/o de todas esas personas que me quieren y a las que quiero”

  4.  “es el día más feliz y especial de mi vida”

  5.  “yo no quería hacer una boda grande, pero mi (nuestras) familia(s) tienen muchos compromisos”…No sigo.

 

  1. ¿De verdad tus sueños son tan caros?

  2. Cuando estás realmente enamorado SÍ cuentas, porque tu objetivo es construir. Empezando por “vuestro” hogar, que con lo que invertiste en la boda podrías haber pagado la entrada.

  3. Siento decirte que, no quieres a todas esas personas que asisten a tu show y, ni mucho menos, ellos te quieren a ti. Los únicos que comparten tu felicidad, ese día y cualquier otro, son tu familia y con suerte, un número reducido de amigos. No te engañes y sino, haz la prueba. En lugar de invitarles a “tu boda”, engáñales y cítales con el pretexto de que algo te ha ocurrido y necesitas ayuda…

  4. Sin comentarios.

  5. Mentira. Tu(vuestras) familia(s) han trabajado duro durante una vida y no particularmente, para que parte de sus ganancias, y en muchos casos ahorros, se vayan en un mega fiestón. Lo que pasa, es que el amor incondicional te hace idiota.

 

 

Voy a abstenerme de opinar acerca de los que tienen la asertiva idea de pedir un préstamo para financiar su boda… Eso sí que es la guinda del pastel (y no esos ridículos monigotes que lo “adornan”).

 

Hasta aquí, parece que lo que sustenta el hecho de casarse por todo lo alto, es cumplir con la tradición. Pero nuestra ironía la dejamos plasmada en la lista de todos los detalles que hay que tener en cuenta para el “día perfecto”: el acuerdo “pre-matrimonial” cuyo pacto prevé eventuales circunstancias, entre otras, la separación o el divorcio. Y aún más sarcástico es el régimen por defecto: el de separación de bienes, por el que nunca nadie objeta. ¡Qué modernos somos!

 

En mi humilde opinión, hay un porcentaje elevado de personas que están más enamoradas de la idea de la boda que de su pareja. Pero bueno, en el amor y en la guerra, no hay reglas.

 

 

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