El arte de confundir, ¿te suena?

August 22, 2017

Mensaje inspirado en la aburrida estrategia de intentar confundir. 

 

Definiste las reglas del juego desde el inicio. Las acoté para seguir cerca de ti. Discrepaba (en silencio). Sigo discrepando.

 

Pusiste un muro entre ambos para no fomentar falsas esperanzas. Para intentar no confundir. El típico “contigo, pero sin ti”. Tu pretexto fue que yo salía de un noviazgo y temías que, para colmar ese vacío, necesitaría de nuevo y enseguida aferrarme al corazón y compañía de otro hombre. Con mis aires altivos dejé claro que estabas equivocado y que, ni mucho menos serías el candidato para dicho puesto. Por aquel entonces, era así. Pero preciso: únicamente por lo que concierne a la primera parte.  

 

 

Imagino. Interpreto: No solo eso ha marcado la dinámica de nuestra relación hasta ahora sino que, además, siempre con mi actitud imperiosa, he debido transmitirte justo lo opuesto a mis pretensiones. Esa envoltura con la que tan bien sé manejarme. Y con la intención de respetar en todo momento tus normas y no asustarte, tras cada gesto, actitud o palabras dulces que tenía para ti me aseguraba inmediatamente de enderezarlas con vinagre. La acidez en toda su esencia. Una fusión que te haría creer que había entendido cuáles eran tus intenciones e inquietudes pero que te mantendrían ahí. Sin embargo, y sin reparo, te he expresado en ciertas ocasiones que, aunque no tuviese ningún objetivo concreto sí sabía con certitud que el tiempo que compartíamos lo quería hacer según el dictado de nuestros respectivos instintos.

 

En alguna situación me sorprendiste con una cena u otros detalles. Te aseguro que los recuerdo todos. Pero lo que más recuerdo de aquellos obsequios es cómo me hiciste sentir. Especial. Única. Feliz. Al día siguiente volvía a pensar que estaba lejos de la realidad aunque seguía sintiéndome especial y feliz.

 

 

 

No tengo claro qué posición ocupo en tu vida. Me atrevo a decir que, en repetidas ocasiones, cuando me arriesgo a pensar acerca de nosotros -como Nosotros-, tengo la envenenada percepción de que mis sentimientos forman parte de un cuento que yo misma quise inventar. Otras veces, una impresión más acaramelada apacigua esos desagradables pasajes, deleitándome con el amor que improvisadamente hemos fabricado.

 

Con independencia de hacia donde hemos procurado orientar nuestra relación, nuestras ambiciones por sostener una amistad “con derecho a roce”, con miedo, afirmo que hace tiempo quedaron lejos de mis aspiraciones, estando segura de que las reglas del juego han quedado obsoletas.

 

Ya no soporto no poder expresarme ni compartir contigo todas las estupideces que me gustaría, ni tener que pensar que al solicitar tu presencia seguramente responderás con un rechazo. Me he acostumbrado. Pero abro el interrogante para saber qué me estoy perdiendo contigo.

 

 

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