Salir del Armario

May 16, 2016

 

La hoja en blanco : ¡pánico! Pero hoy decido iniciar mis escritos porque siento la intensa necesidad de pasar a la siguiente página emocional.

 

Mi hermano, homosexual, siempre me dice que muchos estamos, en cierto modo, en un armario y que hay que lograr salir de él. Pues bien, ¡hoy quiero salir!

 

 

Hasta ahora (y todavía) estaba tan cautivada por la culpabilidad que no he logrado legitimar mis sentimientos. Culpable porque lo tengo todo : una familia maravillosa que me da amor, desde el punto de vista más primario y necesario, y facilidades, desde el punto de vista más material, amigos, un apartamento en el centro de la ciudad Condal, una profesión que me permite acceder a casi todos mis caprichos, (obviamente después de haber pagado los impuestos) hablo cinco idiomas, viajo por el mundo entero, soy joven y libre como una gacela. Y aún con todo esto, tengo la irónica habilidad de sentirme presa…

 

Llevo meses intentando identificar qué narices me pasa, porque ante todo, ¡me echo de menos! Han secuestrado mi identidad : mi energía de Tazmania, mi arrogante naturalidad, mi revolucionaria pasión por todo, mi positivismo, mi valentía, mi instinto, ¡MI YO!

 

La buena noticia es que tras una ardua, profunda y detallada investigación, he logrado identificar al secuestrador : YO. Ahora solo me queda detenerlo y hacerle un buen lavado de cerebro…aunque un lavado de dinero o una evasión de impuestos me costaría una pena menor. ¡Créeme!

 

 

 

Pero aquí estoy, lista para detenerme y salir de nuevo a bailarle al mundo. Para ello, hoy acepto con gran temor que mi familia son eso, FAMILIA, mis ejemplos, mi guías, mis mentores, parte de mí y de quién soy. Pero no son, como he creído hasta ahora, ni mis colegas, ni mis compañeros de vida, ni la perfección, ni mis ídolos, ni mi religión. Para eso ya tengo a mis amigos, mis compañeros de trabajo y clientes, a Dios, a Beyoncé y al judaísmo.

 

He idolatrado tanto a mi familia que todo el resto de la humanidad me parecía banal. Obviamente tiene una explicación. Me han dado tanto amor, se han preocupado y ocupado tanto por que no me falte de nada innumerables veces y están tan llenos de buenas intenciones que he creído cada palabra que me decían y aplicado cada consejo que me daban, ¡como el cristiano con el Papa de Roma!, y con eso dejé de creer en mí hace un tiempo. Ellos han sido mi religión pero, quiero empezar un proceso de conversión.

 

Aquí y ahora, con casi 28 años, abogada, de nacionalidad francesa, pero española en lo mas profundo del alma, creyente y de religión judía, con domicilio en Barcelona y estado civil soltera, quiero volver a reír, cantar y bailar incluso cuando esté en silencio.

 

 

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