CircoTerapia

June 21, 2016

Las luces y sombras que han caracterizado la historia de la humanidad siguen estando a la orden del día. Y es que encontrar el equilibrio es la tarea más compleja a la que ha tenido que enfrentarse el ser humano.

 

 

Barcelona, preocupada por sus ciudadanos, es una de las ciudades que decidió, desde hace varios años, organizar “macro sesiones terapéuticas” cuyo único objetivo es que sus asistentes se reúnan en la misma plaza, disfrazados de inconsciencia.

 

Una terapia con una única regla: ¡No hay reglas! Un único objetivo: ¡evadirse y desinhibirse de la realidad! (aunque sea pasajero). Un único fin: ¡mitigar el mono de las fuertes emociones!

 

 

 

Recientemente, he participado en una de estas sesiones. No por gusto, más bien por curiosidad. “Circoloco” era el nombre del evento. Nunca nada anteriormente me había parecido ser designado con tanta asertividad.

 

Como en cualquier circo, incluía Magos capaces de convertir el ruido en arte, Equilibristas con afán de mantener la estabilidad toda la noche, Malabaristas que recogían sus almas al vuelo, Contorsionistas completamente doblados, Mimos cuya única fuente de expresión eran los gestos desorbitados y la quietud, Payasos travestidos de maquillaje, purpurinas, tatuajes y atuendos extravagantes y, por último, auténticos Acróbatas llevando al límite sus vidas.

 

Un espectáculo en el que nada se había dejado al azar, itinerante y sincronizado, aunque sin ensayo pero naturalmente armonioso y solidario. Pero recuerden que solo era una terapia, y, salvo los Magos, todos el resto de “artistas” eran simples amateurs a quienes les habían concedido el deseo de actuar por una noche con el fin de experimentar lo utópico y descabellado. ¡Psicología inversa a la que la mayoría se apunta!

 

Un circo elaborado y condicionado al puro estilo Cenicienta: pólvora mágica, cóctel de endorfina[1] y oxitocina[2]; excéntricos trajes y ajuares; ¡y la hora de la realidad! Eso sí, el zapato no es lo único que se dejaron… y, la diferencia con Cenicienta, es que no hay príncipe que vaya a aparecer al día siguiente para devolverles lo que extraviaron.

 

¿Y ahora qué? ¡Qué cruda la realidad!

 

[1]Endorfina: Molécula de la felicidad. Según la R.A.E. es la Sustancia peptídica producida de forma natural en el encéfalo, que bloquea la sensación de dolor y está relacionada con las respuestas emocionales placenteras.

 

[2]Oxitocina: Molécula del amor. Según la R.A.E. Hormona producida por la hipófisis, que estimula la contracción uterina y la secreción de leche en la glándula mamaria.

 

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